“Mami Nena”: gamer chilena de 83 años rompe los estereotipos de la vejez
Por María Luisa Gallardo.- Un ejemplo de envejecimiento activo, demostrando que la diversión, la conexión social y el aprendizaje digital no tienen edad. En un pequeño rincón de LLay LLay, Región de Valparaíso, vive María Elena Arévalo (83), conocida en redes sociales como “Mami Nena”, quien se ha transformado en un ejemplo de la superación digital.
Su historia comienza tras el fallecimiento de su esposo, con quien compartió 56 años de su vida, luego de este suceso cayó en un periodo de profunda soledad.
Esto cambió cuando su nieto Héctor le propuso grabar un video y enseñarle a jugar Free Fire, juego perteneciente al género de Battle Royale, que tiene una dinámica de multijugador online en donde combina elementos de supervivencia y exploración, en conjunto a la búsqueda de tesoros.
Lo que para ella comenzó como una distracción se transformó en un fenómeno mediático. Esta habilidosa mujer ha sido reconocida por la comunidad gamer latinoamericana y se ha convertido en un ejemplo para el envejecimiento activo.
Obtuvo el premio “100 líderes mayores” otorgado por la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC), reconocimiento destinado a personas de 75 años o más que contribuyen al desarrollo del país y lideran cambios sociales mediante su talento y experiencia. También, fue distinguida por Garena; empresa que está detrás del financiamiento del juego; que la invitó a un evento en México junto a su nieto.
-¿Qué te llevó a integrar los videojuegos como parte de tu diario vivir?
– Luego de que mi esposo falleciera, sentí una profunda soledad, no quería salir de casa y no hablaba con nadie. Mi nieto se dio cuenta de esto y un día llegó y me dijo: “Mami Nena, hagamos un video”. Yo no entendía nada y después me enseñó a jugar Free Fire, nunca había tomado un computador o el celular, solo sé llamar por teléfono. Pero así comenzamos, al principio fue algo complicado, pero después le fui tomando el gustito, jugar me hace sentir bien, me gusta y me distrae.

-¿Consideras que esto te ayudó en lo emocional y en otras áreas cognitivas?
– Sí, uno tiene que estar muy atento, ser rápido, poner mucha atención, porque al contrario me mataban en el juego y no es la idea, me costaba pero me obligaba a poner atención, con el tiempo me comencé a sentir mejor, no me sentía tan sola, porque estaba ocupada haciendo algo.
Con el paso del tiempo, la práctica constante también le permitió adquirir habilidades digitales que, según investigaciones de diversos centros gerontológicos, son cada vez más valoradas en la tercera edad. Entre ellas, la capacidad de adaptación a esta nueva tecnología, la mejora de reflejos, memoria y la estimulación cognitiva general. Por otro lado, el conectarse con otros jugadores refuerza el sentido de pertenencia y abre una puerta a la socialización virtual, que puede ayudar significativamente al bienestar emocional en la vejez.
–Comenzaste cuando tenías 81 años de edad; actualmente, ¿sigues jugando?
– Sí, sigo jugando, pero no tanto como antes. Mi nieto está haciendo su práctica en Valparaíso y no viaja mucho. Yo no sé armar todo para jugar; él lo hace. Además, tengo problemas de esclerodermia, me duelen las manos y apenas puedo andar por el dolor en mis piernas. Pero siempre que tengo la oportunidad me pongo a jugar, disfruto competir con otras personas de todas las edades y lugares del mundo. Pero lo hago de manera moderada, me tengo que cuidar.
Lo suyo no es solo un acto individual, sino también una práctica responsable. En su experiencia, los videojuegos no se convierten en una carga cuando se manejan con límites saludables como jugar con moderación, descansar, recibir apoyo técnico y adaptar el tiempo de esta práctica a las condiciones físicas propias. Esto es clave para que la actividad no se transforme en un riesgo, sino en uno de los tantos recursos para mejorar la calidad de vida en la vejez.
-¿Qué piensas del dicho “los videojuegos son solo para jóvenes”
– Yo digo que son puras tonteras. Uno puede hacer lo que le gusta a la edad que sea. Los adultos mayores también podemos jugar, ganar y reírnos, no es necesario saber de tecnología, solo basta con aprender a jugar. Yo no sé usar un celular, solo sé llamar; tampoco sé usar un computador, pero soy muy buena en el Free Fire. Una cosa no tiene nada que ver con la otra.
-¿Qué mensaje le darías a otras personas mayores que se sienten solas o creen que ya no pueden ser parte de las nuevas formas de entretenimiento?
-Les diría que no se queden sentados esperando a que pase el tiempo. Que hagan lo que les gusta, aunque sea algo nuevo, raro, o lo consideren imposible. Nunca es tarde para aprender. Lo importante es no morir en vida, hay que seguir hasta cuando se pueda.
La historia de Arévalo es una lección viva de que las nuevas prácticas de entretenimiento no son territorio exclusivo de la juventud. Su experiencia confirma que los videojuegos pueden ser una herramienta para fortalecer el bienestar mental, fomentar la interacción social, mejorar o unir los lazos con familiares más jóvenes, como nietos o hijos y tener otra perspectiva sobre la vejez.
A pesar de ser un ícono en Chile, en otras partes del mundo también hay adultos mayores que encuentran en los videojuegos una forma de conectar, aprender y divertirse. El equipo sueco Silver Snipers de eSport (deportes electrónicos) compuesto por adultos mayores, compiten en el juego Counter-Strike, buscando romper el estereotipo de que los videojuegos no son solo para los jóvenes. En Asia, destacan figuras como Yang Bringlin, ciudadano chino de 88 años, apasionado por los videojuegos, y Hamako Mori, reconocida en 2020 por el Guinness World Records como la youtuber gamer de 90 años, más longeva del mundo. Estos referentes reflejan una tendencia global que redefine el envejecimiento y la participación de los adultos mayores en la era digital.


